El mundo y el tango

jueves, 11 de diciembre de 2008

Ver bailar y escuchar tango es como ver tu vida siendo interpretada por 2 personas; giros, vueltas, idas, venidas, empujones y demás al compás de una música apasionada.
Todo comienza lento, apenas un paso, un sueño. Estás reconociendo tu entorno, a la persona que tienes en frente. Pero después viene el caos. Conforme la música va tomando velocidad, ya no sabes si debes ir hacia adelante o hacia atrás. Si dejarte guiar o tú poner los pasos. Hay momentos en los cuales parece que te quieres salir, dejar todo, pero alguien te toma del brazo y te regresa... Y finalmente, cuando está a punto de terminar, es cuando más te aferras, más sentimiento y más pasión le pones, porque no quieres que acabe.
Toda esta metáfora hecha a finales de un año tiene el sencillo propósito de compartiles que me encuentro sin rumbo, sin un destino, pero sin querer que termine. Desde octubre para acá he tenido una cantidad de sentimientos impresionantes, ideas, vueltas, retornos, lágrimas, risas, TODO en muy poco tiempo. Hice nuevos amigos, pero extraño a los viejos, retomé aspectos de mi vida que había dejado olvidados como la pintura, el canto y la escritura. Quité el polvo de algunas cajas llenas de recuerdos y me di cuenta que hay problemas que no valen la pena, hay memorias que antes me parecían espantosas y ahora hasta las recuerdo con melancolía... Me di cuenta que mi vida este año fue un tango lento, melancólico y apasionado en el cual no cabe la certeza ni la razón; sólo incertidumbre, cambios y desconcertación. Pero aún así, lo disfruté y no me arrepiento de nada de lo que hice o dije. Sólo les pido, que no se olviden de mí una vez que la música se detenga y la pareja salga del escenario. No tienen que aplaudir, sólo recordarme.
Las extraño.